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lunes, 26 de febrero de 2018

BOTA DE POTRO




Rodrigo Roberto Soria Ph

Botas sobadas a mano
con la paciencia de un viejo
de un animal azulejo
que fue un pingo soberano.
En un tiempo muy lejano
también las supe calzar,
y aunque las dejé de usar
de vista nunca las pierdo,
porque me traen un recuerdo
de aquel pingaso ejemplar.

No olvido esas ocasiones
que al ceñir las ligas pampas
con sus camperas estampas
me apretaban los garrones.
Y al lucir en mis talones
unas espuelas sin brillo
con nudo fuerte y sencillo
las alzaprimas guapeaban,
y a mis botas las maneaban
del empeine y del tobillo.

La derecha, un buen rayón
ligó en el trabajo rudo,
que un toro bayo guampudo
le obsequió de refilón.
Suerte que en esa ocasión
pude cuerpiar la embestida; 
y en forma más conocida
en la izquierda está presente
la marca, clara y patente,
que el bagual luciera en vida.

Ahura, cuando alguna vez
con cuidao las manoseo
son pa mí como un trofeo
de modestia y sencillez.
Por ser gauchas sin doblés
solía usarlas muy altivo,
y hasta encontraba un motivo
pa olvidar ciertas derrotas
al sentir contra mis botas
las caricias del estribo.


lunes, 19 de febrero de 2018

EL ADIOS DE GABINO EZEIZA




Buenos Aires de mi amor,
¡oh, ciudad donde he nacido!
No me arrojes al olvido
yo, que he sido tu cantor.
De mi guitarra el rumor
recogió en sus melodías,
recogió en sus melodías,
el recuerdo de otros días
que jamás han de volver,
los viejos cantos de ayer
que fueron las glorias mías.



Esperanzas que ya no hay,
coplas y cielos ardientes,
la diana de los valientes
volviendo del Paraguay.
Cantos de patria, pero ¡ay!,
que en la guitarra argentina,
que en la guitarra argentina
melancólica se inclina
para decirles adiós,
mientras se apaga la voz
de las milongas de Alsina.



Por eso vengo a cantar
mi trova de despedida,
que hoy la tarde de la vida
mi alma ya empieza a nublar.
Nadie volverá a escuchar
de mi guitarra el rumor,
de mi guitarra el rumor,
cantos de gloria y de amor
de la ciudad en que he nacido,
no me arrojes al olvido
yo que he sido tu cantor.

sábado, 17 de febrero de 2018

MAESTRA DE CAMPO






Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio, 
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio.
Y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó en la estación
del lerdo tren en que vino
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido.
Y se quedó en el andén
como asustada y con frío
por ser mucha juventud
pa´terreno tan arisco.
A más mujer, buenamoza
y en pago desconocido.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido por, 
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.
Pero al momento nomás, 
las toscas manos de un gringo, 
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño
le dieron la bienvenida 
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba
triste en el medio del monte
pa que alegrara a sus hijos.
Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido, y
y comenzaron a andar
entre una nube del polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto triste del grillo, 
y fue por eso tal vez
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.
Pero llegó la mañana
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro
masticando soledad 
en aquel lejano sitio
puso firmeza en el paso 
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho la esperaba
en la escuelita de campo
clavada en pampa del indio.
Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán
se hizo paredes de adobe
se hizo terrón para el quincho
y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma
con un letrero invisible
que decía en letras de amor
"Aquí hay saber y cariño".
Y fueron 30 los años
y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella, ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes
y nunca llegó el amor 
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.
La escuela, la escuela 
le había pedido
hasta ese sacrificio
que se quedase soltera
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso, en eso de darlo todo, 
un tibio día recibió
en una nota oficial
algo que la estremeció:
después de mucho esperar 
el concejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.
¿Era premio o era castigo?
Mil veces se preguntó.
No se vaya señorita, 
quédese a vivir aquí, 
si nosotros la queremos
por qué se tiene que ir.
Esas voces y unas manos 
que se agitaban sin ruido
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido
allí dejaba sus años
allí dejaba su vida.
La polvareda del sulky
y manitos color tierra
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
¡Adiós señorita Rosa! 
¡Adiós maestra de campo!
En usted a todos les canto
los maestros de mi tierra
no sé si mi estrofa encierra 
y expresa lo que yo siento, 
pero tan solo pretendo
oponer a tanto olvido 
mi simple agradecimiento, 
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido 
de todos los monumentos.



viernes, 2 de febrero de 2018

ALBERTO MERLO



Alberto Merlo (2 de febrero de 1931 - 10 de abril de 2012)​
 fue un músico, compositor y guitarrista argentino, considerado
 como uno de los intérpretes fundamentales del canto surero,
 dentro de la historia de la música folklórica de Argentina.
Merlo nació en el campo, en Colonia Bossi, departamento San Cristóbal, 
en la Provincia de Santa Fe. De ascendencia italiana
 y lengua familiar piamontesa, Merlo aprendió el folklore argentino 
de los peones golondrinas, que cantaban milongas acompañados 
de sus guitarras.
Comenzó cantando tangos con sus hermanos hasta
 que se radicó en Jesús María (Córdoba). 
Allí formó un trío con el que se fue a Buenos Aires.
Su verdadero nombre completo era Aquilino Candelario Merlo​
Entre sus obras se destacan La Vuelta de Obligado
 (triunfo del que compuso la música, con letra de Miguel Brascó​),
 Cuando la tarde agoniza, Pion de fierro, Noche
 y camino, Pa´Dolores, Rincón de López, etc.
En 1985 recibió el Diploma al Mérito de los Premios Konex
 como uno de los 5 mejores cantantes de folklore de la historia en la Argentina.