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lunes, 27 de junio de 2016

POR MI TROPILLA




Una mañana templada 

sali al campo a recorrer
porque era mi gusto ver 
retozar la caballada.
siguiendo por a cortada
y mirando con recelo
vide pa mis desconsuelos
quer era mi desconcierto
los Torniquetes abiertos
y los alambrados en el suelo.

Me paré sobre el recao 
divisando la extensión,
y comprobe con razón
ningun pingo me habian dejao
solo un oscuro tapao
que de nochero tenía
y mientras venia el día
maldije mi suerte perra
puse el oido a la tierra 
y ni un galope se oía.

Hay nomás monte en mi pingo
y siguiendo las pisadas,
me interne e la tierra arada
en la chacras de unos gringos
calculo que aquel domingo
hasta el Diablo maldecía
porque las huellas que ahbian
marcadas en el sendero;
iban a un Matadero
que un cuatreraje tenia.

Cuando llegue a la tranquera
que dentro de unos mmontes estaba
entré y al sonar la aldaba 
salio un Paisano pa juera,
al verme en su madriguera
o descubierto tal vez
con las manos y los pies
acostumbrado el cuatrero
empezó a voltear los cueros
con el pelaje al revés.

Cuando me acerque al paisano
se vino acercando despacito
y temeroso el maldito
vino a estrecharme la mano
se la di, medio a desgano
porque a segun lo que ví
MI TROPILLA estaba ahí 
y al verme que desconfiaba 
Me pregunto: ¿Que buscaba?
Mis pingos: le respondí.

 Ya que te pensas muchacho
que estos cueros son tus pingos,
te diré que los Domingos 
yo no carneo en Tacho,
de igual forma Guacho 
la ofensa voy a cobrarte 
vos tendrás que arrodillarte 
para pedirme perdón
porque yo nunca fui ladrón 
y jamás pense en robarte.


Se me vino y lo espere 
con el facon en al mano


quizo dentrarme el paisano 
pero a poncho lo paré,


con la bota levanté 
un cuero del costao 


y al ver quera mi gateao
 lo conoci en el pelaje


lleno de rabia y coraje
 lo endereze sin cuidado.



En la primer embestida 
se arrollo como acordeón 


y ya lo note chambón
 para cuidarse la vida,


como fiera en su guarida 
se debatia el cuatrero


pero se enredo en el cuero
 y en tamaño tropezón 


se clavo en el corazón 
al caer su propio acero.



Pobrecito mi gateao, 
ni muerto me abandono,


porque su cuero enredó 
las botas del condenao


silve mi Oscuro Tapao
 que pastaba en la gramilla


y despues en forma sencilla 
ladie el cuerpo del cuatrero


y dando vuelta los cueros,
lloraba por mi Tropilla. 





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