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domingo, 23 de febrero de 2020

Cosas del tambo - Luis Domingo Berho


Balerio de terneros
a las dos de la mañana
lechuza que hace campana
y alboroto de los teros
milonga de los luceros
que al alba le hacen cosquillas
corral con muchas varillas
chiquero en forma de brete
espera de la gran siete
y mover de carretillas.


Un apellido importado

que puede ser Errecalde
y entre la espuma de un balde
dos chorros que se han clavado
un palo que se ha estirado
como un brazo colosal
que de puro servicial
sostiene en alto un farol
que es como gota de sol
que alumbra todo el corral.



El ocho de una manea

que acollara dos garrones
muchacho que a los tirones
con los terneros pelea
una vaca que se arquea
un rabo que se enarbola
banco de una pata sola
amarrado a las verijas
y tarro con dos manijas
que esperan haciendo cola.



Un toro que en un rincon

esta pensando macanas
ternerito que con ganas
deja el brete de apuron
un topazo y un chupon
un salto y una patada
la leche desparramada
y el grito de -ten vaquita.
que es una señal clarita
de que hay teta lastimada.



Sol que sale despacito

olvidando el horizonte
y dejando a un lado el monte
va buscando el infinito
villalonga al trotecito
con los tarros bien tapao
gorra con pelos pegao
una siesta, unos amargos
sueldo corto, dias largos
y almanaque sin feriao.


jueves, 14 de diciembre de 2017

La chata de Lobería de Luis Domingo Berho

Foto Marcelo Miraglia


Viene avanzando una chata
que sigue un caballerizo,
que montao en un petiso
va detrás de la culata;
parece que el sol lo achata,
o el peso de su sombrero.
Ya se abre un torniquetero
y entra en un campo a cargar,
porque viene a levantar
la cosecha del potrero.

Esperando que lo cinchen
en cuanto cargue su dueño
un ladero se echa un sueño,
y las roldanas del guinche,
sin dejar de hacer bochinche
no se quieren quedar quietas.
Las bolsas, hechas maleta,
van subiendo sin parar,
hasta llegar a formar
dos filas sobre la aleta.

Después, a los barquinazos,
mueve; al ruido de las cuñas,
clava el varero las uñas
queriendo hacerse pedazos;
y al sonar los latigazos
como tiros de pistola,
se hace el ladero una bola
y se afirma el cadenero,
como gato cocinero
que lo tiran de la cola.

Rumbeando pa la estación
un día que había cargao,
se tuvo que hacer a un lao
pa darle paso a un camión.
Y desde aquella ocasión
quedó atrás, y se ha perdido:
el asfalto no ha podido
resistir todo su peso,
y se quedó en el espeso
tembladeral del olvido.

Hoy está pa gallinero,
pero cargada de gloria,
y ya ha pasao a la historia
su pintoresco letrero.
Todo el lujo de su apero
se fue con ella, también...
¡Ya no corta el terraplén
la chata de Lobería,
que en otros tiempos solía
pasar con rumbo al Quequén!