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lunes, 23 de mayo de 2022

Romance para una cautiva

 





Me sucedió en Sauce Chico,

salí a bolear unos días,
pa'armarme de algunos reales
o bien ganarme la vida.
Me pareció ver un Pampa
con una hermosa tropilla,
y fue grande mi sorpresa
cuando vi que era una India,
que andaba muy bien montada
no muy aindiada que diga.

Tenía rasgos españoles
tal vez podría ser mestiza,
me fui acercando despacio
le manotié la madrina,
claro... que, no podía juir
la cosa aquí jué distinta,
porque pasó que la yegua
había parido ese día,
y el mismo instinto de madre
tal vez la dejó tranquila,
aunque estaba algo asustada
por sentirse mi cautiva.

Le dije: "¿Habla español?"
Me contestó que de niña.
Y ya rumbié pa'las casas
con las alforjas vacías.
Al llevármela pa'l rancho
vi en su rostro una sonrisa,
con luz de una vida nueva
bortada de sus pupilas:
me fue contando su historia
de la sual se siente indigna.

Que de una maloqueada
el Cacique Baigorrita,
la robó de Bahía Blanca
del pago de donde es hija,
que su padre y madre han muerto
en esas tristes guerrillas,
que apenas tenía diez años
cuando vivió esa desdicha
que es la esposa de un Ranquel
que tiene unas cuantas chinas,

que le dieron muy mal trato
que así son con las cautivas
que fue mujer en un tiempo
en que la vida llovizna,
que no cumplió veinte años
y ya dio luz tres caricias,
que quedaron en los toldos
del Cacique Baigorrita.


Segunda Parte

II.

Recuerdo la primer noche...
apenitas llegué al rancho,
ahí manié las dos madrinas
pa'que se quedaran pastando,
yo, por las leguas andadas
estaba tan trajinado,
que al recostarme en el catre
quedé tendido a lo largo.
Me desperté con el alba,
salté más veloz que un rayo,
y allí la ví, junto al fuego,
sentada sobre los bastos,
esperando que despierte
con el mate en una mano.

Me senté junto al fogón
por momentos que miramos,
y así sin hablar palabras
hemos pasao muchos ratos.
Al poco tiempo no más
le fui notando algo raro,
dejó las pilchas indígenas
que las colgó de unos ganchos,
y entró en la usanza paisana
fue algo así como un milagro,
le miraba de reojo
ese misterioso cambio,
que transformó su color
y sus facciones de arauco
hasta ese, rostro oscuro
recuerdo después de un año
perdió el rescoldo del sol
y se empezó a poner pálido.
Comenzó a soltar sus trenzas
de su lindo pelo zaino,
y hasta se echó agua florida
en una blusa de raso,
que una viejona vecina
me le trajo de regalo.
Así lavando mi ropa,
cosiendo, limpiando el patio,
haciéndome de comer,
y mil cosas que no hallo,
me fue cambiando la vida
y ordené en el trabajo.
Yo me la llevé pa'eso...
pa'que me atienda, caracho!...
Pero la cosa cambió
murió mi sangre de "bravo";
aunque en cuestión de mujeres
fuí más porfiao que los vascos,
a más, pertenezco a esos
que han sido siempre orejanos,
y disparan tierra adentro
por no querer montar "patrios".
La custión me entró a gustar,
aunque soy hombre de campo,
me embobaba la figura
de sus pechos y sus pasos,
la mirada de sus ojos,
y su bello talle alto.
En un chispazo el amor
se puso a nuestros respaldos;
ella corrió enloquecida
a refugiarse en mis brazos,
y exprimimos en un beso
la pasión de nuestros labios.


Tercera Parte 


III.

Ya hace trece años largones,
que su tremenda amargura,
se ha transformado en sonrisa
lo triste quedó en penumbra.
Ella disfruta el amor,
a mí su vida me embruja,
pero pasa que la dicha
a veces también se nubla,
y la luz que de repente
tanto y tanto nos alumbra,
se nos hace oscuridad
y lo hermoso se derrumba.
La empecé a notar muy seria
le vi una tristeza oculta
que le amargaba la vida
y yo no quería que sufra.
Le pregunté qué pasaba,
me digo: -"Mi pena es mucha,
el recuerdo de mis hijos
me dice que soy injusta,
que cambié por nuestra dicha
aquellas mis tres dulzuras,
aunque encontré en este rancho
una tremanda fortuna,
que no sabía que existía...
pues mi alma estaba desnuda".
Me pidió que la dejara
que la nostalgia la inunda,
que quiere ver a sus hijos,
que simulando una fuga
su esposo la aceptaría
aunque parezca una burla.
Me pidió que la acompañe
hasta el camino que cruza
en donde la hallé aquél día
que hablando en leguas con muchas.
Me costó decir que sí,
pero la ví tan confusa
que acomodé las tropillas
y hasta ensillé por las dudas.
Descolgó sus pocas pilchas,
se vistió a lo pampa chusma,
montó..., y salimos al tranco
con una tristeza mutua.
La dejé en la rastrillada
y que ocurra lo que ocurra...
Rumbeó pa'las tolderías
con tres esperanzas juntas
quería ver a sus hijos
y "¡que el sueño se le cumpla!".

sábado, 28 de septiembre de 2019

La adquisición de mi Oscuro

ILUSTRACIÓN ALDO CHIAPPE


Muchos
pueden ofertar
Que yo de mi pingo oscuro
Por esta cruz, se lo juro,
Que no me habré de apartar
Pa' que entiendan viá contar
Cómo ha llegao a mi lado
Y sin ningún agregao,
Les dejaré referido
Cómo fue que lo he adquirido
Y a qué precio lo he pagao.

Me había conchabao en eso
pa' domar una tropilla,
En un campo de la orilla
Del "arroyo de los huesos".
Y aunque el caldo estaba espeso
En el lugar con la indiada,
Como no me ataja nada
Cuando me encuentro chaludo,
Salí rumbiando en un crudo
pa'l Azul de madrugada.

Siete leguas había hecho
De las once de camino,
Cuando sentí que me vino
Como un sacudón al pecho.
Pasó que al muy corto trecho
De bandear un fachinal,
Un griterío infernal
Armaron cinco clinudos
Que me cargaron seguro
pa'achurarme en el pajal.

Le pedí a mi Dios bendito
Una ayuda dende el cielo
Y le mandé hasta el pigüelo
Las espuelas con un grito...
¡Pingo lindo pobrecito!
Me respondió en la ocasión,
Si hasta soy de la opinión
Que si no está el del oscuro
Me les hago humo seguro
Al comenzar la junción.

A cuatro me fui dejando
Muy atrás en la corrida
Y el oscuro en la partida
Venía conmigo jugando.
Las potreadoras silbando,
Baqueanazas pa' las yeguas
Le dieron fin a las treguas
Prendiéndomelo al lobuno,
Que rodó como ninguno
Después de correr dos leguas.

Eché el dos, y en el instante
Desenvainé mi cuchillo,
Maliciando que aquel pillo
Me llevaría por delante.
Y sin que el temor me espante
Di la vuelta y ya llegaba
Justo cuando me lanceaba
El bulto logré quitar
Aunque no pude evitar
Que me hiriera en forma brava.

Enseguida entré a rodar
Como bola sin manija
Llegándome a las verijas
La sangre del costillar.
Si me llegaba a achicar,
Seguro que no la cuento,
Pero calculé al momento
Que una esperanza quedaba
Porque el pampa ya contaba
Por ganao aquel encuentro.

Y quedando arrodillao,
Simulando estar sin cura;
Desprendí de la cintura
Las bolas con gran cuidao...
En el momento indicao
Procedí con una trampa
Y llegué a meterle al pampa
Tal bolazo en la sesera
Que sin un susto siquiera
Ahí nomás clavó las guampas.

Como esperando mi juida,
Quedó el oscuro a mi lao
Y me le monté apurao
Apretándome en la herida.
Venía el resto 'e la partida
Bramando por esa senda
Pero apenas le dí rienda,
A la distancia se puso,
Este soberano chuzo
Que me armé en esa contienda.

Y así han visto las razones
Que tengo pa' ponderearlo
Y que quiero conservarlo
Por todas sus condiciones
Si hasta pienso en ocasiones
Que me salió regalao...
Por más que lo haya pagao
Con un redomón lobuno
Y un chuzazo que ninguno
Creo que hubiera ofertao.


jueves, 5 de julio de 2018

LA TIGRA MUERTA





Yo soy el que siempre he sido, 
'concetos' que el alma encierra,
para defender mi tierra
tuve un valor decidido.
Los campos donde he nacido
me dieron libre extensión, 
no tengo más estrusión
que la del gaucho en su escuela
lazo, boleadora, espuela, 
poncho, rebenque y facón.

Por baquiano y por destreza
fui soldao veterano, 
con una lanza en la mano
y una vincha en la cabeza.
Me encarné con la fiereza
del potro del pajonal
los dos brutos por igual
por montes, cerros y llanos
en partes medio cristiano
y en parte medio animal.

Y ya que se cuadra el caso, 
les voy a contar un cuento
deserté de un regimiento
en un redomón picaso.
Boleas, maneador y lazo
llevaba como escondido
y aprovechando el descuido, 
las maletas bien cargadas, 
ansí llegué a la cañada
de los campos del "Perdido".

Daba una satisfación 
el junquillo con su aroma
y en los bordes de una loma
viboreaba el cañadón.
Desensillé el redomón
no porque fuera cansao...
Yo si, andaba desvelao
con ganas de echarme un sueño
por eso no puse empeño
en pasar pal otro lao.

Cuando el sol perdió su brillo
pa asegurarlo mejor, 
prendí al pingo el maneador
y lo até en un duraznillo.
Ahi nomás me hice un ovillo
en las pilchas del recao.
Después de haber descansao,
desperté con el lucero
le puse al bagual los cueros 
y me pasé al otro lao.

Enderecé a un pajonal
como pa esconder el bulto
y al bagual lo dejé oculto
adentro de un matorral.
Pensé que era el sitio ideal
pa que juera mi guarida
¡pero qué diablo! enseguida
pegó el picaso un bufido
porque allí cerca había un nido
con una tigra parida.

Les juro que me asusté, 
se me añudó la garganta
me eché en el brazo la manta
y el sable desenvainé.
Pa no quedarme de a pie
matarla jue mi esperanza;
¡la tigra se me abalanza
derecho a darme un zarpazo!
le metí en la boca el brazo
y le hundí el sable en la panza.

En ese momento atrós
cayó con la boca abierta
y al ver a la tigra muerta
le di las gracias a Dios.
De aquél animal feroz
llevo una gran impresión, 
y si en alguna ocasión 
me tocara el mismo caso
las patas de mi picaso
no medirán la extensión.

Al rato pegué la güelta
y me encontré dos cachorros
tomando la leche a chorros
de la pobre tigra muerta.
¿A quién no se le despierta
la fibra del corazón?
Pero yo sin compasión 
les dentré a clavar el sable, 
¡vieran que carne agradable
más sabrosa que un lechón!

Le alvierto a cualquier matrero
si en el caso no se hayao, 
que el tigre es mejor bocao
que la carne de cordero.
Este hecho verdadero
quizá ninguno lo cree, 
pero yo seguro se
que aqueya zona desierta
le llaman: "la tigra muerta",
¡la tigra que yo maté!

Juan Quiroga