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jueves, 22 de agosto de 2019

RESERVADO





Pudo ser un Doradillo,
Pudo ser un Doradillo
Alazán, Oscuro Ruano,
Bayo, Cebruno Tobiano
Moro, Lobuno, Rosillo
tambíen pudo ser Tordillo
o algún Zaino Requemado
Overo Negro, Tostado
no interesa su Pelaje
pero nacío pa´Salvaje
y por eso es Reservado. 

Apartao de la manada
apartao de la manada
pa ver que Flete salia
ya comenzo su porfia 
en laprimer Palenqueada
despues vino la sobada
por la tabla del Pescuezo
y al saber que estaba preso
se deshizo contra el palo
haciendo temblar de malo
aquel tronco duro y grueso

Y desde el vamos mostró
y desde el vamos mostró
que no era flete de Huella
por eso su mala estrellla
otra suerte le marcó
y si  bien no conocio 
ni pechera ni recao
por cosquilloso y porfiao
por bellacho y sin abuela
soporta lonja y espuela
cada vez que es agarrado.

Y en su ley ha de morir
Y en su ley ha de morir
sino lo apartan pal tacho
ya ni siquiera el penacho 
le ha quedado para lucir
cada Domingo ha de ir
a alguna fiesta enjaulado
pa divertir al poblado
donde anuncian Jinetada
ya que su suerte esta echada
por culpa de ser RESERVADO !!



martes, 6 de marzo de 2018

DEL TIEMPO DE LA MAROMA



Cesar Lescano
 Yo conocí de pichón
cerca de Divisadero a un tal Venancio Lucero (un viejito setentón). Sabio en la conversación sobre cosas del pasao, hombre de campo, educao, sereno como agua'e pozo y que por sus años mozos supo ser muy bien montao. Contaba de aquellos días interesantes pasajes, cuando todo el paisanaje habilidades lucía, y como él también tenía recuerdos de sus proezas, refrescando su cabeza mientras pitaba un "Brasil" iba encendiendo el candil del tiempo que no regresa. Y me sabía decir -hablando cosas camperas- de aquellas fiestas primeras donde a él le gustó lucir, que era un orgullo subir cuando se hacía una doma y no era'e jugarle a broma por más que uno lo practique, de un corral de palo a pique largarse de la maroma. Me contaba que una vez galopió más de diez leguas por jinetearle unas yeguas a un tal Deolindo Jerez, hombre que supo ser juez en el pueblo'e Lobería y que una estancia tenía muy cerca del Quequén Chico y que habiendo sido rico el juego... lo fundiría. Mas volvamos al asunto de aquellas yeguas del caso, después de andar con el lazo don Jerez, que hoy es difunto le dijo: "Yo las rejunto desde el canal para afuera y al encarar la tranquera, me gustaría, Lucero... que se le tire primero a aquella que's zaina overa. Calculo que ese animal tenía unos cinco años midiendo por el tamaño y su instinto tan brutal. De todas las del corral que andaban a las gambetas, esa era la más inquieta, y ande me gritó: "se asoma"... yo la esperé en la maroma con las patas como horqueta. Me le caí... propiamente con el cuerpo acomodao justo en la cruz, bien sentao pa'peliar como la gente. Y aún lo tengo presente -la cosa fue en un momento- crucé con la lonja el viento, se la asenté en la paleta y empezó aquella sotreta a mostrar su sufrimiento. Resopló y pegó un bufido al clavarles las lloronas y ensayó otras intentonas para dejarme tendido. Se hizo un arco retorcido, se abalanzó largo trecho, después se limpió en el pecho la espuma'e las carretillas y yo... como en una silla iba en el lomo... derecho. Y así la anduve aquél día, primero la zaina overa, después, la rosilla qu'era yegua de muy mala cría. Y terminé la porfía con una cebruna clara y una mora malacara que me salió trabajosa, porque de puro mañosa se me sentó... ande montara. Y las horas... se pasaba recordando tiempos idos, aquel hombre que no olvido y que tan lindo me hablaba. Era un gaucho que contaba cosas que han quedado lejos, cuando el criollo era parejo para los lujos camperos, y cuando nada extranjero nos frunciera el entrecejo. Los recuerdos fueron tantos de aquél Venancio Lucero que cuando los entrevero cobran renovado encanto... Quien sabe en qué Campo Santo estará su sepultura, aunque a mí se me figura cuando el recuerdo se asoma que lo veo en la maroma alardeando... su bravura. Victor Abel Gimenez

jueves, 2 de julio de 2015

JINETE

Matute Huilipan

Chaqueta y bombacha blanca,
bota'e potro bien calzada;
una manttita tersiada
y sombrero con retranca.
Medio chuecón cuando arranca
es su paso al caminar,
y dentrando a conversar
su palabra es sentenciosa:
pero sus ojos retozan
si se habla de jinetear.

Conoce a la perfección
los potros que él ha montao,
y no hay nombre "reservao"
que no esté en su colección.
Habla con admiración
de aquél que lo pudo andar,
y recordando el lugar
donde le tocó caer:
dice que quiere volver
si se lo vuelven a dar.

Con el cuero o encimera
no le teme a ningún chuzo;
si el sorteo lo dispuso
su turno nomás espera.
Se enhorqueta de primera
y sin hacerse esperar
ya comienza a revolear
pero si el flete es atroz,
él prefiere hechar el dos
antes que entrar a charquear.

Siempre será orgullo de él,
ir pegao como un abrojo;
rayar hasta cerca 'el ojo
y menear lonja sin yel.
No pedir ni dar cuartel
al bagual más soberano,
después como buen paisano
juntar aplauso y bocina,
en ancas del que apadrina
con el sombrero en la mano.

Así es nomás el jinete,
un lujo pa esta nación;
honra de la tradición
sobre el lomo de los fletes.
El que a los potros somete
en el lance más violento,
él que va adornando el viento
con lonja y habilidad:
y al que la argentinidad
ya le debe un monumento.